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viernes, 28 de enero de 2011

A propósito del retrato de Martí en Kingston y su paso por Montreal

Martí en Kingston, Jamaica (1892), Colección Fototeca de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana.

No lo podía creer pero allí estaba, flotando sobre la blanca nubecilla de mis guantes de conservación. Era el Martí icónico que aparece en los libros, enfundado en su trajecito raído, con su corbata mal anudada, apuntando con su mirada clara a la historia desde esa foto de solo 16 x 12,2 cm.  

Sí, puedo decir con raro orgullo que tuve ese original entre mis manos, pues creo fielmente que muy pocas personas pueden contar algo semejante.

Por uno de esos azares recurrentes, el retrato de Martí en Kingston, Jamaica (1892), la conocida obra de Juan Bautista Valdés, vino a parar a Montreal hace ya casi cuatro años. El documento formaba parte del corpus de obras de la exposición ¡Cuba! Arte e historia: de 1868 a nuestros días, organizada por el Musée des beaux-arts de Montréal -proyecto de colaboración con el Museo nacional de bellas artes de La Habana, entre otros-, en el que estuve trabajando por aquellos días.

La experiencia estética en la que me sumió el contacto con esa obra es indescriptible. Sentí una mezcla de emoción y sobrecogimiento, pero también la mórbida sensación de la deconstrucción del mito. ¡Y no era para menos! El contraste de la fragilidad material que acusaba aquel documento gráfico, apolillado y oxidado por el implacable paso del tiempo, me resultaba violento. 

A pesar de estar al tanto de lo difícil y costoso que resulta la conservación de los documentos sobre papel, el mal estado de conservación de aquella foto me resultaba escandaloso e inaceptable. Todo en ella se me antojaba un símil de la Cuba de hoy. Eso hacía que algo en mí se rebelase desde lo más profundo.

Mientras la observaba, recordé el largo y tortuoso camino para llegar a obtener el préstamo a nivel institucional. No podía dejar de pensar en lo irracional y desconcertante que resultan a veces las negociaciones con personas a cierto nivel cuyo ego cuenta más que el patrimonio de una nación. 

Y es que aquel año también me había batido por implantar un proyecto de cooperación entre estudiantes de patrimonio de La Habana y Montreal. De más está decir que por la parte cubana no hubo respuesta positiva, muy a pesar de las buenas intenciones de excelentes profesionales que se implicaron a fondo. En cambio, siempre había un funcionario que  –cual variante tropical del perro de Pávlov- solo respondía ante el estímulo de un viaje. Pero  ese no era el objetivo del proyecto.  No es de extrañar entonces que durante ese mismo año, a golpe de decepciones, haya cortado los vínculos profesionales en ese dominio dentro la isla.

Pero volvamos al museo, a su maravillosa misión y al cliché del apóstol que hoy evoco a través de mis memorias. Me reconforta saber que aun desde el exilio en cierta medida contribuí a que se hiciera algo bueno, algo que alargará la vida de ese emblemático documento de la historia de Cuba. 

Como tantas de sus acciones anónimas e inmensas, el Musée des beaux-arts de Montréal restauró la foto de José Martí en Kingston. Esos son los gestos hermosos que hacen toda la diferencia, gestos que no se pagan con nada en este mundo. Son también el tipo de cosas que me hacen amar profundamente la profesión de museóloga, a pesar de las incontables miserias humanas que la circundan.

miércoles, 2 de junio de 2010

Jornada de los museos en Montreal 2010


                                  Afiche de la XXIV Jornada de los museos montrealenses

El pasado 30 de mayo se celebró en esta ciudad la XXIV Jornada de los museos montrealenses. En esta ocasión el evento estuvo patrocinado por Quebecor. Participaron unas 30 instituciones museales y otros centros de actividades culturales y recreativas.


Logo de la temática de los museos montrealenses para el 2010: Montréal, ville de verre. L'histoire d'une innovation. 

La temática de este año fue el vidrio. Siguiendo el ejemplo de países como Cuba, la Société des directeurs des  musées montréalais ha comenzado a organizar grandes eventos entre las instituciones miembros alrededor de una temática común.


  
Una de las piezas magistrales en exhibición, Bluespira- Autor: D. Robertson. Fuente: Internet

De este modo, este año el tema  Ville de verre (Ciudad de vidrio) ofrece la posibilidad de participar en más de 100 exposiciones y actividades de animación cultural en más de 40 lugares de Montreal. La idea ha tenido éxito. 

En efecto, el público montrealense, cada vez más educado, responde favorablemente a estas iniciativas. Por supuesto, esto se traduce en un incremento de las visitas a estas instituciones.


La torre del reloj, emblema del museo Pointe-à-Callière al fondo, anunciando ya su próxima exposición sobre las esculturas de la Isla de Pascua. Detrás de las banderolas unos músicos haitianos amenizaban la tarde. 

En este día, mis hijas y yo -que somos asiduas visitantes de las instituciones museales de esta ciudad- decidimos visitar el Viejo Puerto de Montreal. Fue una elección poco original condicionada por otros factores. 

Resulta que la noche anterior había descubierto que alrededor del museo de arqueología  e historia Pointe-à-Callière, lugar donde se fundó esta ciudad, tenía lugar el festival Les cultures gourmandes

Se trataba de una feria gastronómica con gran variedad de comidas de diferentes lugares del mundo. Así, entre banderolas de colores, juegos de animación para los más pequeños y música de distintas regiones, se podían degustar platos típicos.


 Unos visitantes bebiendo infusiones bajo una exótica carpa que parece salida de las Mil y una noches. 

De Québec y Francia estaban los famosos  foi gras, pâtés, vinos exóticos, fondue au chocolat con frutas biológicas y pasteles.


                             Mis hijas, degustando la fondue au chocolat con frutas biológicas. 

Pero también habían sandwich búlgaros con salchisas y col encurtida, tacos y burritos mexicanos; té y tisanas de marruecos, couscous, ensaladas, conservas y muchas otras delicias de todo el orbe. 

Sin duda un festín para los sentidos dónde mis bellas se inclinaron por una fondue y los deliciosos churros (más bien eran porras, pero creo que los comerciantes no conocían la diferencia entre los primeros y los segundos)  rellenos con dulce de leche. 


¡Sí, así mismo, también se puede comer "churros" en Montreal! Sólo hacía falta un buen chocolate caliente para acompañar esas porras rellenas de dulce de leche.

Esta actividad de animación que se desarolló durante el fin de semana tuvo una excelente acogida por parte del público de esta ciudad que se enorgullece de su carácter multicultural.

Para estar a tono con la celebración de ese día, luego visitamos el Centre d'historie de Montréal. Este pequeño museo, construido en un antiguo cuartel de bomberos, es administrado por la Ville de Montréal. 

  
Centre d'historie de Montréal. Enya, observando atentamente la multimedia. Al lado, una vitrina muestra las curiosas "maison longues" (casas largas) de los Iroquois descritas por Jacques Cartier en su diario a su llegada a estas tierras.

A mis hijas les encantó la exposición permanente Montréal en cinq temps (Montreal en cinco tiempos) pues coincide con el contenido de historia que están estudiando ahora en la escuela. 

Aquí les dejo otras fotos que tomé ese día.

 



                                          Enya y Sadja en el Centre d'histoire de Montréal.

Una cosa les puedo asegurar, visitar los museos de Montreal y esta parte de la ciudad sigue siendo uno de los mejores regalos que uno puede hacerse. Aquí siempre hay algo diferente que hacer, algo nuevo para explorar. 

Si además se aprovecha esta invitación única de la Jornada de los museos montrealenses que pone a disposición de todos el transporte y el acceso gratuitos a más de 30 museos, uno no puede menos que sentirse mimado. 


Enya posando delante de la escultura original del Almirante Nelson. Centre d'histoire de Montréal.

Este día tiene el gran mérito de poner al alcance de todos la riqueza del patrimonio cultural e histórico que de forma celosa custodian los museos de Montreal. 

Esta cita ha devenido tradición convirtiéndose en un agradable y esperado must de la vida cultural de esta ciudad. 

Agradezcamos pues a la Société des directeurs des  musées montréalais y a todos los voluntarios que hacen posible que este evento constituya un éxito año tras año.



jueves, 7 de enero de 2010

"J.W. Waterhouse - El jardín de los sortilegios" en el musée des beaux-arts de Montréal



John William Waterhouse, Rome 1849 - Londres 1917, La Dame de Shalott, 1888, Huile sur toile, Tate, Londres, Don de Sir Henry Tate, 1894, Photo © Tate, London 2009 

J.W. Waterhouse-El jardín de los sortilegios no es sólo una exposición  que resume lo mejor de la obra pictórica del artista británico J.W. Waterhouse (1849-1917). Fieles a su tradición de "blockbusters", el musée des beaux-arts de Montréal subraya en su comunicado de prensa que se trata de la retrospectiva más completa que se haya hecho hasta la fecha sobre este artista -la última tuvo lugar en el lejano 1978-. La misma presenta cerca de ochenta obras, entre las que destacan cuadros de diferente formato, dibujos y bocetos provenientes de varios museos.  Para aumentar el atractivo se nos brinda un anticipo de lo que vendrá. Así pues, nos enteramos que por primera vez se encuentran reunidas en una misma exposición las tres versiones de la obra más conocida de Waterhouse, The Lady Of Shalott. Esto ha sido posible gracias al generoso préstamo de la Tate, la Art  Gallery of Ontario y la Leeds Art Gallery.

De este modo, El jardín de los sortilegios constituye una excelente ocasión para acercanos al imaginario desbordante y místico de este artista prerrafaelista moderno fascinado por la belleza y el encanto de las  mujeres fatales de la literatura, a quienes representaba como hechiceras de la antiguedad o en el rol de  las heroínas del romanticismo.

Debe destacarse que algunas de las obras que componen la muestra no habían sido exhibidas después de la muerte del pintor.


John William Waterhouse, Rome 1849 - Londres 1917, Circé Invidiosa, 1892, Huile sur toile, Art Gallery of South Australia, Adelaïde, Aquise en 1892

Profundamente simbolista, parte de la producción de J.W. Waterhouse alterna entre el ocultismo y el espiritismo, elementos que nos demuestran que el pintor era versado en estas ciencias. Podría aseverarse que el carácter  enigmático impregna su estética de un poder seductor que ha logrado atravesar el tiempo hasta interpelar a los creadores que hoy  nos regalan esta exquisita obra. Y es que en efecto, no sólo el equipo de comisarios ha hecho lo suyo. Hay que destacar la magnífica escenografía que realza estas magistrales obras aportando un poco más de teatralidad al combinar la sobriedad de los colores de las paredes con texturas aterciopeladas de las cortinas, la introducción de elementos arquitectónicos que imitan columnas griegas, las pátinas doradas, así como la inclusión de elementos que refieren a la iconografía ocultista.


John William Waterhouse, Rome 1849 - Londres 1917, Cléopâtre, 1888, Huile sur toile, Collection particulière, avec l'aimable concours de Christie's

La exposición ha sido realizada por el Groninger Museum, de los Países bajos, en coordinación con la Royal Academy of Arts, de Londres y el Musée des beaux-arts de Montréal. Actualmente está en cartelera en el Pabellón Jean-Noël Demarais, donde se exhibe desde el pasado 2 de octubre 2009 hasta el 7 de febrero 2010.

A continuación los dejo  con la espléndida galería que subió el museo para ilustrar la exposición de manera virtual. Les recomiendo que la paseen para que puedan apreciar las obras en detalle pues las fotos tienen muy buena resolución. En mi próximo post comentaré más sobre los prerrafaelistas y el tema de las mujeres en la pintura de J.W. Waterhouse. Les deseo una agradable lectura y si el tema les interesa, no duden en dejarme sus comentarios.






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