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jueves, 25 de junio de 2009

Michael Jackson, In Memoria

Con estupor descubrí hoy a través de Yahoo la noticia de la muerte súbita del rey del pop, Michael Jackson, a sus 50 años. Automáticamente todos los medios de difusión comenzaron a hacerse eco de la noticia. Aparte de los consabidos homenajes que requieren ocasiones como estas y que incluyen videos que resumen en imágenes y collages de videos la carrera de la estrella, así como los comentarios de artistas famosos canadienses, entre los que por supuesto lleva la voz cantante nuestra "Céline", me llamó la atención ver sobre las ondas de TVA a la comentarista consultando en directo frente a las cámaras algunos blogs como el de Perez Hilton, entre otros sitios de interés, que reseñaban la noticia. También constaté que pocos minutos más tarde, Wikipedia ya había actualizado su entrada añadiendo la fecha de la muerte del cantante. Prueba del poder y del alcance de las nuevas tecnologías en la difusión de la información.

Para mi fue un momento de sorpresa y también de tristeza. Fue como si una parte de mi adolescencia se fuera para siempre. Creo que todos los cubanos que fuimos jóvenes y asistimos a las fiestas de secundaria durante el primer quinquenio de los 80 sentimos hoy algo semejante. Y es que para nosotros aquellas fiestas que se organizaban cada fin de semana en casa de algún amigo con swing era uno de nuestros pocos momentos de sana diversión. En aquellas especie de discos caseras no podía faltar el obligado Roberto Carlos para "matizar" bailando apretados con la persona que nos gustaba. Pero sin dudas eran las canciones del "Mykel" -como todos le llamaban en Cuba- las que le ponían el punto a las fiestas. Prueba de su popularidad en la isla es la cantidad de recién nacidos que por aquella época llevaron su nombre.

A muchos de los que me conocen les resultará graciosa esta anécdota. Yo estudiaba en la secundaria Felipe Poey, antigua anexa a la Universidad, la misma escuela a la que asistía Tony Menéndez, personaje archiconocido en la televisión cubana tanto por su grupo de danza infantil como por sus aventuras en las que destaca la inolvidable "Furia Blanca" en la que Tony encarnaba a "Carito", nombre que lo ha acompañado siempre. Pues bien, en aquellas fiestas, cuando ponían Beat It la gente hacía un circulo para que Tony y una servidora bailaran. Hoy me acuerdo de eso y me entra una risa hilarante porque el baile nunca fue mi fuerte. No obstante, nosotros invariablemente haciamos una especie de coreografía -que nunca ensayábamos- con esa canción.

Recuerdo que la cosa empezaba a lo Tango apache: con los primeros acordes Tony hacia como que me abofeteaba, luego cuando cambiaba el ritmo yo lo tomaba por el cuello de lo que llevara puesto y bailábamos una especie de Champion (porque eso sí, ¡yo era rockera!) en el que hacíamos muchas maromas con manos y pies. Después, en la parte del punteo, le seguía un baile de Kansas. Sin dudas ¡ esa era la mejor parte! Tony me cogía por la cintura y me echaba hacia atrás y yo movía la cabeza endiabladamente para todos lados con aquella melena indómita siempre al ritmo de la exquisita música, ¡jajajaja!!! Era un momento de gloria efímera que me convertía en una chica muy popular porque nadie, absolutamente nadie podía bailar Kansas de esa manera. Recuerdo muchas sesiones en casa de mi amiga Gidnia durante las cuales ella trataba de aprender aquellos pasos conmigo y siempre terminaba cayéndose mareada en el piso. Evidentemente, yo no tenía problemas de la columna ni de la cervical, LOL!

También recuerdo que una mañana en mi casa del Vedado, donde siempre se veían los canales extranjeros porque mi padrastro tenía una antena súper alta, amanecimos viendo We are the world. En cuanto mi madre se fue para el trabajo llamé a mis amigos rockeros de la escuela -todos mayores que yo- y como por arte de magia la casa se llenó de pepillos peluses que estuvieron frente a la tele hasta medio día, hora en que yo entraba a la secundaria. Imagino que cuando se enteren de esta noticia pensaran en aquel día, porque para nosotros fue mágico poder asistir a todo aquello en directo gracias a la televisión americana. Sencillamente, ¡nunca antes habíamos visto a tantos artistas norteamericanos juntos! Yo alucinaba viendo a Steve Perry a quien adoraba por su época en Journey. También a Cindy Lauper junto a Kim Carnes, de quienes conocía muchas canciones. A otros como Willie Nelson, Bruce Springsteen, y Bob Dylan era primera vez que los veía. La imagen de todos en un mismo estudio es algo que nunca olvidaré.

Para delicia nuestra aquella mañana pasaban una y otra vez el video y las entrevistas a los diferentes artistas. Hay que reconocer que muchas iniciativas similares siguieron luego, pero la pionerita y a mi juicio la más hermosa, fue esta que convocara Michael Jackson con su bellísimo tema para sensibilizar al mundo a propósito de una causa tan humana.

Queden estos recuerdos, que muy bien podrían ser los de cualquier cubano de mi generación, como homenaje a un artista increíble, a un hombre que no hizo más que alegrarnos la vida iluminando nuestras adolescentes noches con el regalo de su música.

domingo, 24 de mayo de 2009

Sadja Alejandra, en tu día


Hace ya once años que llegó tras tardarse un poco más de la cuenta sumergida en mis aguas. Como suele ocurrir con las personas que vienen para quedarse, marcó un antes y un después. Al principio era muy chiquitica, tenía cabello silvestre y unos ojillos achinados y reidores llenitos de vida que denotaban su curiosidad por aprender el mundo. Una vez siendo aún muy pequeña me confesó que me buscaba desde siempre. Yo, simplemente sonreí. Sabía que era cierto. Lo supe desde que comenzó a crecerme por dentro. Y es que tiempo atrás, mientras el latido de otra vida se escurría entre mis piernas, su alma acarició mi ser y, en un leve susurro, prometió que volvería.

Su nombre es hermoso; viene del sánscrito, lengua que inventaron los antiguos para dibujar el mundo con poesía cincelada en palabras. Mientras ella se formaba, yo leía el diario de Frida Kahlo. De allí lo tomé prestado. Es un nombre que evoca al cielo y la tierra, lo auténtico y verdadero, lo que es amable. Durante la gestación, otra noche, también soñé que estaba parada en un promontorio y alzaba a mi niña con mis dos manos por encima de mi cabeza ante una multitud sin fin. Todos se postraron ante ella. Por eso su otro patronímico evoca grandeza. También la llamé de esa forma para homenajear a la Pizarnik, mariposa de iridiscentes alas.

Viendo los hechos con cierta distancia pienso que la gente adora a mi niña porque su aura desprende amor. Ella es música, el arte la habita; de los gestos de sus inquietas manos surgen criaturas de ensueño o personajes que invitan a la risa. Su mundo es policromo como la cinta que después de la lluvia corona el cielo. Para mí, ella es el oro del cofre al final del horizonte. No puedo menos que sentirme colmada por tenerla a mi lado. Aún hoy, que ya se vislumbra su paso de niña a mujer, hay días en que caminamos tomadas de la mano. Cariñosamente la llamo “la lucecita de mi vida”; su luz me inunda. Ella, con su característica dulzura responde “tú: ¡la estrella de mi corazón!”.

No entiendo de las órbitas que dibujan los astros, tampoco de los oscuros sueños de poder que doblegan al hombre, me siento minúscula como si toda yo cupiese debajo de una hoja. Todo lo que ha contado en este viaje cabe en mi corazón, por lo mismo mi única certeza es que me tocó una parte del tesoro más grande. Hablo del amor que se siente por un vástago, amor que nos estremece y nos hermana con la tierra potenciando nuestras fuerzas más allá de todo límite. Es un sentimiento tan sublime que no se puede explicar con palabras.

Hoy estamos de fiesta celebrando la vida. ¡Sean todos bienvenidos!


Cake que hice para mi hija siguiendo la receta del Cuban in London. ¡Gracias!

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